En la quietud de estas paredes

no hay susurros que devoren mi oreja

Hay disolvente

que se abarragana con el polvo

En la quietud de estas paredes

hay heridas de papel pintado y adhesivo

El gallo difunto sigue sobre la mesa

El óleo se seca y se pudre

La tinta en mis manos

El tumulto de estas calles llenas de pájaros tullidos,

que ni vuelan

ni pían

ni retozan,

me evoca la soledad del cuadro inacabado

El garbo se pierde

Los garbeos desaparecen

Los hombres se desgañitan

y el trance que transcurre es acre

En la quietud de estas paredes

no hay susurros que devoren mi oreja.